El largo exilio del arquitecto catalán Jordi Tell Novellas
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La peripecia profesional de Jordi Tell Novellas (1907-1991) arranca en la Barcelona republicana, donde se titula como arquitecto en 1931 y, tras casi cinco décadas, termina en Noruega. Un largo exilio que lo lleva a Ale mania, Noruega y México y que le permite desarrollar una sólida carrera de la cual el fascismo vencedor de la Guerra Civil le había apartado. Iniciado en el círculo de la arquitectura moderna, formado entorno a Jo sep Lluís Sert y materializado en el Grup d’Arquitectes i Tècnics Catalans pel Progrés de l’Arquitectura Contemporània (GATCPAC), a lo largo de más de cincuenta años se mantiene fiel a los ideales racionalistas: funcionalismo de los edificios, eliminación de decoración superflua y ruptura con la arquitectu ra histórica. Desde el Chalet en Bella-Terra para Jacint Humedas (1931), con siderada su primera obra, hasta la obra pública diseñada en la oficina del ar quitecto provincial de Østfold (Noruega) en la década de los setenta, podemos trazar un fuerte hilo de continuidad estilística y conceptual. La carrera profesional de Jordi Tell no puede entenderse desligada de su militancia política republicana, nacionalista y progresista. Militancia y activismo que persiste a lo largo de toda su vida y que le permite establecer contactos internacionales, entre los cuales destacan la amistad con el estadis ta alemán Willy Brandt o el primer secretario general de la ONU Trygve Halvdan Lie. Mantiene igualmente una intensa actividad epistolar con polí ticos catalanes de la talla de Josep Tarradellas y su compromiso político activo, en Cataluña con Esquerra Republicana y, en su nueva patria norue ga, con en el Sosialistisk Folkeparti. Una vida donde la profesión y el compromiso político se entrelazan y retroalimentan
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